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Dos días-símbolo

Data: 

16/04/2013

Fonte: 

Diario Juventud Rebelde

En los archivos históricos de los dos primeros años del poder revolucionario, hay dos días consecutivos cargados de un simbolismo absolutamente inolvidable: el 15 y el 16 de abril de 1961.

El 15, traidora y sorpresivamente, organizado y pagado por la CIA —como todas las fechorías apoyadas por el imperialismo yanqui contra América Latina y el mundo— fueron bombardeados tres aeropuertos cubanos, con el fin de destruir los pocos aviones disponibles para defendernos: en San Antonio de los Baños, en Ciudad Libertad y en Santiago de Cuba. Era el preludio de la invasión mercenaria.

Y el 16, en el sepelio de las víctimas por el alevoso ataque, el Comandante en Jefe Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución.

Hay antecedentes que no pueden soslayarse. Mientras en territorio de Guatemala, bajo el mando directo de la CIA, se realiza la preparación de la brigada invasora, la situación en Cuba es caldeada al máximo. Los últimos meses de 1960 y los primeros de 1961, son de intensa actividad.

Batallones de milicias obreras y campesinas libran en las montañas del Escambray una tenaz persecución contra las bandas armadas, suministradas por vía aérea desde Estados Unidos. Numerosas organizaciones contrarrevolucionarias pululan en las ciudades cubanas, sometiendo a fuerte tensión a los jóvenes Órganos de la Seguridad del Estado.

El 18 de noviembre de 1960, el recién electo presidente John F. Kennedy es informado de los planes de invasión a Cuba por Allen Dulles, director de la CIA y su segundo, Richard Bisell.

El 16 de diciembre, Eisenhower, el presidente saliente, ordena reducir a cero la cuota de azúcar para el período enero-abril de 1961.

El último día del año la dirección de la Revolución declara la movilización general de las Fuerzas Armadas, las Milicias Nacionales y el pueblo, al considerar que con el próximo cambio de poderes en Estados Unidos, se configuraba un momento de especial amenaza de agresión militar a Cuba. Cientos de miles de hombres ocupan sus posiciones de combate a todo lo largo de las costas cubanas.

El 3 de enero, el Gobierno norteamericano anuncia la ruptura de relaciones con Cuba. Dos días después, el 5, exactamente en el inicio del año en que se declara la Campaña Nacional de Alfabetización, bandas contrarrevolucionarias capturan y asesinan cruelmente en las montañas de Sancti Spíritus al joven Conrado Benítez, maestro voluntario de 18 años de edad, cuando se dirigía hacia su escuela.

En esas semanas, grandes tiendas por departamentos de La Habana son destruidas por el fuego, mediante petacas incendiarias suministradas por la CIA. El 20 de enero tiene lugar en Washington la inauguración presidencial de John F. Kennedy. El día anterior, en un encuentro con el presidente Dwight D. Eisenhower, este se refirió a la brigada mercenaria en preparación, y le dijo a Kennedy (según las notas tomadas durante la reunión por Clark Clifford) que era la política de esa administración ayudar a dichas fuerzas al máximo, que en ese momento estaban ayudando a entrenar las fuerzas anticastristas en Guatemala y que era su recomendación que este esfuerzo fuera continuado y acelerado.

En el fragor de estos meses de dura lucha, la conciencia política del pueblo cubano avanzó con extraordinaria rapidez. El sentimiento patriótico y los intereses de clase se hicieron muy fuertes. La solidaridad recibida en aquellos momentos difíciles de la URSS y otros países socialistas contrastaba abiertamente con la agresión del Gobierno norteamericano.

En la práctica, además, con las grandes movilizaciones realizadas en el segundo semestre de 1960, se había conformado de hecho un amplio sector de economía estatal, como propiedad de todo el pueblo, que estaba siendo administrado ya sobre bases socialistas, aunque todavía no se aplicara esa denominación.

El 13 de abril de 1961 se produce el sabotaje a la tienda El Encanto, en La Habana, donde pereció heroicamente la trabajadora Fe del Valle.

Dos días después, el 15, se desencadenó el preludio de la agresión mercenaria. Aviones B-29 proporcionados por la CIA despegaron desde sus bases en Puerto Cabeza, Nicaragua, con el propósito de asestar un golpe que destruyera en tierra los escasos y obsoletos aviones de combate que poseía entonces la Revolución, y asegurara a los invasores el total dominio del aire.

Las naves, pintadas con las insignias de la Fuerza Aérea Cubana, atacaron los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba. Uno de los pilotos agresores, cumpliendo instrucciones, voló a Miami e hizo declaraciones para hacer creer que se trataba de un levantamiento interno.

Siete combatientes cubanos cayeron ese día 15 de abril mientras rechazaban la agresión. El 16 de abril, en su sepelio, ante la concentración de milicianos en armas que llenaban la esquina de las calles 23 y 12, a las puertas del Cementerio de Colón, Fidel proclamó: «Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, en sus narices, y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias narices de Estados Unidos».
Palabras de Fidel

«En el día de ayer, como todo el mundo sabe, aviones de bombardeo divididos en tres grupos, a las seis en punto de la mañana, penetraron en el territorio nacional procedentes del extranjero y atacaron tres puntos del país. En cada uno de esos puntos, los hombres se defendieron heroicamente; en cada uno de esos puntos, hubo miles y cuando no cientos de testigos de lo que allí ocurrió.

«Era, además, un hecho que se esperaba; era algo que todos los días se estaba esperando; era la culminación lógica de las quemas a los cañaverales, de los centenares de violaciones a nuestro espacio aéreo, de las incursiones aéreas piratas, de los ataques piratas a nuestras refinerías por embarcaciones que penetran de madrugada. Era la consecuencia de lo que todo el mundo sabe; era la consecuencia de los planes de agresión que se vienen fraguando por los Estados Unidos en complicidad con gobiernos de lacayos en América Central; era la consecuencia de las bases áreas que todo el mundo sabe y todo el mundo conoce, porque lo han publicado hasta los propios periódicos y agencias de noticias norteamericanas, y las propias agencias y los propios periódicos ..., de los campos de aviación que tienen preparados, de los aviones que les había entregado el Gobierno de los Estados Unidos, de los instructores yanquis, de las bases aéreas establecidas en territorio guatemalteco.

«El imperialismo proyecta el crimen, organiza el crimen, arma los criminales, entrena a los criminales, paga a los criminales y asesinan a siete hijos de obreros, aterrizan tranquilamente en los Estados Unidos, y aún cuando el mundo entero sabía sus andanzas, declaran entonces que eran pilotos cubanos, preparan la historieta truculenta y novelesca, la riegan por todo el mundo, la publican en todos los periódicos, estaciones de radio y de televisión y de la “gusanera” reaccionaria del mundo (…).

«Porque lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, lo que no pueden perdonarnos es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba».

Y concluyó Fidel diciendo: «Compañeros obreros y campesinos de la patria: El ataque de ayer fue el preludio de la agresión de los mercenarios, el ataque de ayer que costó siete vidas heroicas tuvo el propósito de destruir nuestros aviones en tierra, más fracasaron, solo destruyeron dos aviones y el grueso de los aviones enemigos fue averiado o abatido.

«Aquí, frente a la tumba de los compañeros caídos; aquí, junto a los restos de los jóvenes heroicos, hijos de obreros e hijos de humildes, reafirmaremos nuestra decisión de que al igual que ellos pusieron su pecho a las balas, al igual que ellos dieron su vida, vengan cuando vengan los mercenarios, todos nosotros, orgullosos de nuestra Revolución, orgullosos de defender esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, no vacilaremos frente a quienes sean, en defenderla hasta nuestra última gota de sangre».