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Fidel, el primero en todo

Fidel Castro Ruz, el hombre convertido en leyenda.
Fidel Castro Ruz, el hombre convertido en leyenda.

Fecha: 

23/11/2017

Fuente: 

Cubahora.cu

Autor: 

Desde los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el 26 de julio de 1953, no ha existido en Cuba suceso político de relevancia que no haya estado marcado por la impronta indeleble de Fidel Castro Ruz. El hombre convertido en leyenda, que desde el 25 de noviembre pasado, sigue los destinos de la Revolución Cubana sentado vigilante, junto a José Martí, en el Olimpo sagrado de los héroes de la Patria.
 
El mandatario argelino Abdelaziz Bouteflika ha afirmado que Fidel Castro tenía la rara cualidad de viajar al futuro, para luego regresar a contarlo; quizás el mayor reconocimiento a la genialidad previsora del líder de la Revolución Cubana, puesta a prueba en infinidad de ocasiones, como aquella del 26 de julio de 1989, en Camagüey, cuando vaticinó la desaparición del socialismo en la URSS:
 
“Tenemos que ser más realistas que nunca. Pero tenemos que hablar, tenemos que advertir al imperialismo que no se haga tantas ilusiones con relación a nuestra Revolución y con relación a la idea de que nuestra Revolución no pudiera resistir si hay una debacle en la comunidad socialista; porque si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró (…) ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirán luchando y seguirán resistiendo!”.
 
Pero sería el Che Guevara, su amigo y compañero desde los días del Granma —a quien Fidel se negara a dejar preso en Ciudad México, poniendo incluso en riesgo la futura expedición—, el que mejor expresa las razones exactas del liderazgo de Fidel y el porqué de su relevancia como estadista revolucionario y hombre de dimensiones extraordinarias:
 
“…si nosotros estamos hoy aquí y la Revolución Cubana está aquí, es sencillamente porque Fidel entró primero en el Moncada, porque bajó primero del Granma, porque estuvo primero en la Sierra, porque fue a Playa Girón en un tanque, porque cuando había una inundación fue allá y hubo hasta pelea porque no lo dejaban entrar […], porque tiene, como nadie en Cuba, la cualidad de tener todas las autoridades morales posibles para pedir cualquier sacrificio en nombre de la Revolución”.
 
Fidel es Fidel. Único e irrepetible, como ha afirmado en innumerables ocasiones su hermano, el general de ejército y actual presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, quien le acompañara desde los días del Moncada hasta los de hoy.
 
Realmente Fidel, y el ejemplo que representa, solo pueden ser imitados en su simbolismo, pero nunca copiados al calco, pues su genialidad de pensamiento, la que conjugaba con la acción audaz y valiente, lo erigen un paradigma, una cúspide moral solo comparable con la estatura de José Martí. El propio Fidel lo calificó como “el más genial y universal de los políticos cubanos”, conceptualización que se le aviene a él, como anillo al dedo, pues resulta, sin duda, el más genial y universal de los políticos cubanos del siglo XX e inicios del XXI.
 
Gabriel García Márquez, el escritor colombiano Premio Nobel de Literatura, su entrañable amigo, resaltaba su poder de seducción, su devoción por la palabra. En un excelente artículo dedicado al líder de la Revolución Cubana, y titulado: El Fidel que yo conozco, el Gabo, afirmaba: “Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo. (…) Es el antidogmático por excelencia.
 
”José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista. La esencia de su propio pensamiento podría estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.
 
”Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quien esté, Fidel Castro está allí para ganar. Su actitud ante la derrota, aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria. Nadie puede ser más obsesivo que él cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa”.
 
La “fuerza telúrica” de su personalidad atrapó por igual a amigos y adversarios, así como a personalidades de diversa índole e ideologías. Para el futbolista argentino Diego Armando Maradona, Fidel “…es un seductor y usa todo para envolverte. Dicen que él arrancó con doce hombres y tres fusiles en la Sierra Maestra y ahora me doy cuenta por qué ganó: tiene una convicción de hierro. (…) una personalidad imposible de olvidar”.
 
El asesinado presidente norteamericano John F. Kennedy, con visos de arrepentimiento y convicción de la imposibilidad de acabar con el revolucionario cubano, dijo: “Fidel Castro forma parte del legado de Bolívar. Debíamos haber dado al fogoso y joven rebelde una más calurosa bienvenida en su hora de triunfo”.
 
Mientras uno de los buenos amigos y admiradores que tuvo Fidel, el brasileño Frei Betto, escritor del libro Fidel y la religión, donde por vez primera un líder de una revolución comunista se adentraba en tales temas, afirmó: “Fidel Castro es un hombre privilegiado por su formación cristiana, su opción marxista y la asimilación de la prédica martiana. (… ) A pesar de toda su genialidad, de toda la historia que encarna, consigue hacernos sentir su hermano. (…) es un hombre que pone su vida en función de la utopía, es un hombre que jamás en esta vida encontrará su plenitud porque Fidel cree que es posible el cielo en la tierra”.
 
Su frase predilecta era una de José Martí, que afirmaba que “toda la gloria del mundo cabía en un grano de maíz”, e inspirado en ella, hizo de su vida un culto a la sencillez, a evitar el envanecimiento y a sentir sobre sí el peso de la mortalidad, desconociendo, tal vez, que personas como él traspasan los límites biológicos del tiempo y se encarnan para siempre en el corazón de los pueblos, lo que los hace inmortales.
 
Hace un año de su desaparición física. Ocurrió un 25 de noviembre, el mismo día y mes que exactamente 60 años atrás había partido del puerto de Tuxpan al frente de la expedición del yate Granma.
 
Entonces había dicho que en ese 1956 “Seremos libres o mártires”, al tiempo que había profetizado que si salía, llegaba, y que si llegaba, triunfaba, lo que consiguió en poco más de dos años, con su entrada triunfal a La Habana, el 8 de enero de 1959.
 
Al marcharse físicamente, seis décadas después, lo hizo triunfal y en la nueva Caravana de la Libertad, esta vez desde La Habana hasta Santiago de Cuba, y recibió las más grandes manifestaciones de dolor y admiración que cubano alguno ha recibido a lo largo de la historia patria.
 
Ahora todos somos Fidel, y su concepto de Revolución se encarna en más de once millones de cubanos. Si sobre Camilo, el Che afirmara que en su renuevo eterno e inmortal era la imagen del pueblo, sobre Fidel y su legado histórico puede afirmarse lo mismo, con creces.
 
No quiso honores de ningún tipo, solo descansar al lado de Martí en Santa Ifigenia. No hacen faltan fanfarrias para recordarlo. Fidel vive en millones y millones de seres humanos de cualquier confín del mundo. Para todos, como dijo Hugo Chávez, “…es un padre, un compañero, un maestro de estrategia perfecta”.